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TURISMO Y ESPECTáCULO (ER)


Liebig: historia de una nostalgia sin fin



Fecha: 20/12/2017   09:00

“Liebig” producción que se filmó en el pueblo entrerriano, se enfoca en la historia del lugar y sus habitantes, en una entrevista con EL DIARIO, el director adelanta aspectos de esta producción documental






Una historia simple, pero que pedía ser narrada: la de un pueblo que nació y creció en la costa del Uruguay –como lo hizo Santa Elena en este lado de la provincia– a la vera de un emprendimiento británico. Eso es “Liebig”, documental de Christian Ercolano sobre esta localidad cuyo nombre evoca a Justus Von Liebig –químico alemán que creó el extracto de carne lo que permitió el transporte de carne vacuna faenadas de este lado del Atlántico a Europa–. En el film, a partir de la historia de vida de varios ex empleados de la Fábrica inglesa Liebig (Entre Ríos, Argentina), y sus respectivas familias, se reconstruye el esplendor de la industria de las carnes enlatadas, el modo de vida de un pueblo, y su posterior decadencia.

A través de los testimonios de los habitantes el espectador podrá descubrir cómo sus recuerdos sostienen una realidad que dista mucho de la gloria pasada y que pretende sepultar los últimos restos materiales que quedan de un pueblo que nació por imperio de una visión geopolítica propia del siglo XIX. Ese enfoque llegó hasta la década del 50, del siglo pasado. Razones políticas y económicas modificaron la situación de las piezas en el tablero de juego global. Así, a mediados de los 60 se decretó la defunción de un emprendimiento que había sido razón de vivir para miles de personas entre Paraguay –desde donde se enviaban arreos vacunos para faena– hasta el epicentro en el pueblo entrerriano ubicado a la vera del río Uruguay. En 1970 la gran factoría cerró sus instalaciones.

Sin embargo la gente que nació, creció, y vivió esos lugares se empeñó porfiadamente en permanecer en ese, su lugar en el mundo. Sus historias hablan de nostalgia, y también de futuro.

Ese relato que circulaba entre pocos, “necesitaba, pedía ser narrado”, sostiene Ercolano. “Liebig” es su ópera prima y participó de la sección Panorama Argentino del 31º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, y formó parte de la programación de varios festivales de cine en Europa (Reino Unido, Rumania). El film ganó también en Concurso Quinta Vía de Proyectos Digitales del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA).

En una entrevista con EL DIARIO, el realizador adelantó aspectos de la producción que se proyecta actualmente en la sala Gaumont, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; en el cine Starlight, en Colón y en el Espacio INCAA en Villa Elisa. Y que desde el jueves se proyectará en el Cine Rex y el Cine Círculo, de Paraná, y luego en San José y Villaguay, entre otras localidades entrerrianas.
RAZONES


– ¿Por qué elegiste filmar esta historia sobre Liebig? ¿Cómo te enteraste de este lugar y su historia? ¿Qué fue lo que te pareció potente de esta historia para que te movilice a producir este trabajo?

– Llegue a Liebig por casualidad, en unas vacaciones a Colón. Lo que mas me impactó fue la fuerte admiración que sentían hacia aquellos ingleses, dueños de la empresa, que dio trabajo al pueblo por casi 100 años. A pesar que se habían retirado en 1980, muchos pobladores seguían narrando su idolatría hacia ellos. Por otro lado, nos enteramos que el pueblo había sido construido como un anexo a la gran factoría, que estaba desmantelándose día tras día, durante las últimas décadas. Había una historia oculta que pedía ser narrada. Finalmente, lo que descubrimos con los guionistas Gustavo Intrieri y Germán Loza, es que Liebig cuenta una historia de nostalgia sin fin y eso lleva a un estancamiento o un detenimiento ficcional del tiempo. Ese estancamiento era social e individual, pero por otro lado había acciones que apuntaban hacia una búsqueda de una identidad propia, alejándose del patriarcado inglés que los marcó y luego los abandonó.

– ¿Cómo fue el proceso de investigación y producción? ¿De qué modo obtuviste los recursos para financiar el proyecto? ¿Cuánto tiempo insumió todo el proceso? ¿Cuándo se realizó el rodaje?
– Hicimos con los guionistas dos viajes de preproducción, para contactar gente que quiera contar la historia de Liebig. Hubo mucha colaboración en este sentido, querían que su historia se cuente. Por otro lado, conocimos historiadores y arquitectos que ya habían hecho mucha investigación y colaboraron con material fotográfico y libros de investigación. El proceso de filmación de la película empezó en 2008 y terminó en 2014, con interrupciones por cuestiones de financiamiento. Liebig empezó como producción privada, luego tuvo el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y más tarde continuó con financiamiento privado al momento de la postproducción. Filmamos más de 60 horas de material y lo editamos durante el 2015, un proceso largo ya que tardamos en encontrar las tramas y símbolos necesarios para que la historia se pueda sentir como nosotros la vivimos estando en el pueblo. Sabíamos desde un principio que no queríamos hacer el típico documental de televisión, ya sea de Discovery o de TN, que muchas veces atiborran al espectador de datos duros de la historia, que hoy fácilmente puede encontrar en algún sitio de Internet, y preferimos contar la historia desde la emoción de los personajes, algo que sólo el cine puede hacer.
EL RODAJE

– ¿En qué forma encaraste el rodaje con la gente del lugar, con los “actores” de esta producción?
– Los habitantes del lugar estaban acostumbrados a que vaya gente de la tele para entrevistarlos, y con eso tuvimos un problema importante porque se posicionaban para dar información como si fuesen un notero de TV. Lo increíble es que al apagar la cámara, sí se soltaban y hablando con nosotros salían conversaciones muy enriquecedoras y sentidas de lo que fue su experiencia en la fábrica y su vida actual. Así que filmábamos algo como si fuese para la tele y después con la excusa de tomar unas fotos, los registrábamos en esos momentos más naturales. En edición descartamos todo lo filmado en formato tipo televisión.

– ¿Qué fue lo que más te impactó cuando llegaron al lugar de los hechos? ¿Y de las historias que relevaron?
– El mayor problema fue que no pudimos entrar a la fábrica después de 2008, cuando queríamos que algunos pobladores recorran la fábrica. Por suerte teníamos imágenes de antes, cuando se hacían tours fotográficos. Al final, ese impedimento generó una trama narrativa que ayuda mucho en la película para generar tensión. Y después esta cuestión presente en la película, de los sitios tomados, sin que ellos puedan hacer nada. Sigue el estancamiento, ahí también.

– ¿Por qué incluiste el humor como un recurso en la narración?
– El humor fue parte de las improvisaciones que logramos con la gente de Liebig. Todos tuvieron ganas de mostrarse como son y el humor apareció como un rasgo de esperanza dentro de la historia de nostalgia sin fin en que viven. Una manera de reírse de ellos mismos. Y después las “casualidades” ayudaron en varias escenas para reforzar el concepto inicial que teníamos.
MENSAJES

– ¿Más allá de la inevitable comparación entre “pasado próspero y presente de privaciones”, qué querías contar al espectador como mensaje de tu documental? ¿Cuál era la médula de lo que querías narrar con “Liebig”?
– Liebig es la historia de una nostalgia y la nostalgia tiene algo agradable que hace que te quedes ahí, congelado - detenido, luego de que algo se terminó o murió, y no sigas avanzando. Esa complejidad era la que quisimos recorren en la elaboración del documental.

– ¿Hubo algún secreto del lugar, alguna historia no narrada antes que se devela en este documental?
– Sí. Liebig es un viaje continuo entre el pasado y el presente, y en ese movimiento aparece una actividad actual de como ellos luchan por su identidad para construir un futuro. Pero hay que ver la película para enterarse...
Acerca del director

Christian Gabriel Ercolano nació el 27 de noviembre de 1972 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Se recibió en la carrera de Montaje de la Escuela Nacional De Cinematografía (Enerc). Cursó montaje en Eictv, becado por el Enerc (2005). Editó los cortometrajes de ficción: “La vanidad de las luciérnagas”, “Un santo para Telmo”.
La historia

A principios del siglo XX, un grupo de europeos desembarcó a la orilla del río Uruguay para fundar Liebig’s Extract of Meat Company Limited, una planta industrial especializada en producir extracto de carne.
Liebig, el pueblo ubicado en Entre Ríos, se fundó sobre las columnas de este frigorífico, y fue bautizado con el nombre del químico alemán creador de la fórmula de ese extracto.

La feroz demanda, en tiempos de guerra, de los productos enlatados convirtió al territorio en una localidad próspera. Pero los años dorados no duran para siempre: a fines de los 70 la fábrica cerró, y el descomunal monstruo se redujo a una pequeña escultura con forma de envase de Corned Beef.

El documental recorre las instalaciones oxidadas de Liebig, hoy casi un pueblo fantasma, y expone el contraste entre un pasado suntuoso y un presente plagado de privaciones, inundado por la nostalgia.
 

 



Fuente:  20 de diciembre de 2017 (Eldiario/Derf)








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