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CULTURA

Eva Martina, de Rafaela al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón



Fecha: 02/01/2018   11:26  |  Cantidad de Lecturas: 1061

Evangelina Dulce Martina tiene 12 años y se consagró como la primera bailarina preparada en la ciudad que pudo ingresar al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón






Cuando de sueño se convierte en realidad, cuando de incertidumbre se transforma en certeza, y cuando el miedo se reemplaza por fortaleza, hemos cumplido un sueño. Cuántas veces nos paramos frente a la vida replanteándonos nuestro camino, nuestro trabajo, las buenas o malas elecciones. Y pensar cuando apenas éramos adolescentes que debíamos decidir qué formación académica seguir. Para algunos ya era un camino sabido y para otros los invadía la indecisión. Pero cuando la vida te pone delante de un niño o una niña que tiene bien claro sus objetivos y hacia dónde va a direccionar su vida, no nos queda más remedio que simplemente escuchar y admirar.

Esta es la historia de Evangelina Dulce Martina, que hoy con doce años se convierte en la primera bailarina que fue preparada en la ciudad y que pudo superar a las más de 60 ingresantes para el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Todo comienza cuando ella tenía tan solo 5 años, ese fue su primer acercamiento a la danza; "ahí supe que esto era lo mío, y con el paso del tiempo  me di cuenta que es mi vocación y me voy a dedicar a esto", comenzó Eva.

Graciela Sartori y Marcelo Martina, sus papás, fueron los primeros en advertir que sobre el escenario y en sus clases Eva tenía un brillo que iba más allá de lo que uno puede esperar. Veían como ese amor por un arte brotaba desde lo más profundo de esa joven niña vestida con su tutú y su rodete. "Cuando vimos que le encantaba la danza, no sabíamos cómo darle las herramientas para que ella pudiera competir con chicas formadas en Buenos Aires hasta que llegamos a la Academia de Artes", afirmaron Graciela y Marcelo.

Eva apenas tenía diez años, cuando se acercaron a uno de los directores de la actual Academia de Artes de Rafaela, que para ese entonces también estaba abriendo sus puertas en la ciudad, Gustavo Castro, quien junto a un equipo de kinesiólogos, profesores de francés y de música iniciaron un camino que solo era de ida. Sí, era el primer proyecto de formación de una joven a cumplir su sueño de bailar y representar a Rafaela en lo más alto. 

Castro afirmó que "es la primera vez que una bailarina preparada en la ciudad pudo ingresar al Instituto Superior de arte del Teatro Colón, que es donde se desarrolla la única carrera profesional de danza clásica en el país". Hasta hace dos años todas las bailarinas que quisieran probar ingresar al Colón, debían completar su formación en otras ciudades, debido a las exigencias que tiene rendir tal ingreso. Dedicarse a la danza es mucho más que tener una técnica adecuada, implica disciplina, formación, postura, acompañamiento, amor y mucha pasión.

Este fue el proceso de Evangelina, quien contó con el pilar fundamental de la familia, que fueron capaces de interpretar a la danza como arte y como profesión para su hija, su admirable constancia y la claridad de sus objetivos con tan solo 10 años.

Poder cumplir los objetivos no solo fue producto de su compromiso y del acompañamiento incansable de sus papás, se necesitó del trabajo de muchos profesionales que hicieron posible este sueño. "La filosofía de Academia de Artes fue trabajar como se trabaja profesionalmente en países como Rusia, no solo se trabajó la parte técnica, que es fundamental, sino que se necesitó de un equipo que se desarrolló en base a confianzas. Toda la parte física se trabajó con el equipo de Vitality, con Cristian Gays a la cabeza, después siguió Georgina Bravino y Ever Olivares, entre otros, cada uno de ellos trabajó sobre una parte diferente del cuerpo de Eva para poder corregir y lograr todo lo que físicamente se le exigía para que ella pueda pasar la primera parte del ingreso", comentó Gustavo Castro, director de Academia de Artes.

"Fueron dos años con muchos avatares, el proceso coincide con la etapa adolescente de la bailarina. Dentro del equipo que formó la Academia de Artes la primera parte era trabajar sobre la cuestión física que se trabajó con ellos. Nosotros como formadores no solo apuntamos a la técnica sino que contamos con un departamento de kinesiología para su entrenamiento postural y mejorar sus condiciones físicas; luego sumamos a la profesora de francés María Alaniz, y en música a Leslie Lucciano". Es preciso aclarar que para poder rendir el ingreso al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón se debe aprobar el examen  físico, de técnica clásica, música y francés.

"De 60 postulantes para ingresar, solo aprobaron dos becarias del propio teatro Colón, y Eva que fue desaprobada en una instancia, luego recibió una notificación formal donde le informaban que ingresó al Instituto con la modalidad de becaria para este 2018".

"Eva es nuestro primer proyecto", sostuvieron desde la Academia de Artes, "proyecto en el cual nos involucramos todos para conseguir generar profesionales en el arte de movimientos que no es tarea fácil".

Hoy el camino comienza para Eva, quien con disciplina, compromiso y por sobre todo pasión, hoy será quien represente a nuestra ciudad en los teatros argentinos. Sin perder de vista sus estudios, consiguiendo ser abanderada de la nación, una excelente alumna, que cada día cumplió con sus evaluaciones y tareas, quien pudo hacer sus viajes de estudios y terminar 7º grado con las mejores notas. Cumpliendo además, con la dieta balanceada que la disciplina requiere, encontrando sus momentos para entrenarse, para ir al kinesiólogo, para estudiar música y francés y también para ser niña. Todo ese esfuerzo, que entre lágrimas de emoción Eva pudo compartir con nosotros, hoy se ve reflejado en este nuevo año, donde todo cambia para esta joven que empezará a transitar su arduo y sinuoso camino a la felicidad.

Porque la danza es la expresión de todo aquello que vive dentro de cada uno y por eso mismo es una fuente inagotable de aprendizajes, porque al bailar permite conectarse con algo que va más allá de uno mismo pero que a la vez necesita de ese "yo terrenal" para poder expresarse. Porque la danza enseña lo que es la paciencia y la disciplina, porque permite una multiplicidad de formas para expresarse, porque enseña también a amar con intensidad, eso que corre por las venas que da un ardor en el estómago entre felicidad y ese no sé qué, que es difícil de explicar.  Es una forma de vida, que entre todas sus enseñanzas la mejor es la posibilidad de caer pero con gracia, a no tener miedo a los "no", a levantarse de nuevo, a girar como si nada en el mundo importara a reír y llorar de alegría y a intentarlo una vez más. Este será el camino de Eva de ahora en adelante, ¡Felicitaciones!



Fuente:  02 de enero de 2018 (SM)








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